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SINOPSIS
“Sacó su cilindro misterioso y, abriéndolo
por una de las puntas, depositó una pizca de cantaridina en el
hueco de la otra mano, guardó el cilindro de nuevo en la faltriquera
de su faja y escupió sobre el polvo. Tras amasar suavemente el
mejunje, lo aplicó sobre el sexo...”
El afrodisíaco más poderoso de la historia de la humanidad,
hasta la aparición de la Viagra, se encontró en España:
la Cantharis vescicatoria. La cantárida es un escarabajo verdoso
de pequeño tamaño, parece una mosca grande, endémico
de los bosques de fresnos de los macizos del centro de la Península
Ibérica y conocido vulgarmente como la mosca española. De
ella se obtiene un alcaloide denominado cantaridina que tiene una importante
cualidad vesicante y que, aplicado en dosis controladas —una sobredosis
puede llegar a ser letal—, dilata los vasos sanguíneos, produciendo
hinchazón —en el hombre, erección prolongada—
y mayor percepción nerviosa en la zona cuya epidermis ha recibido
el emplasto.
Aristóteles ya se refirió en sus escritos
a esta sustancia, y pasajes muy significativos de la historia fueron posibles
a su acción vigorizadora. Su comercio fue siempre muy restringido
y sólo las clases altas tenían acceso a su utilización.
Ha quedado impreso con letra de molde en la historia del erotismo universal
el conocido como el afer de Marsella que protagonizó el marqués
de Sade junto a su compañero de orgías
y sodomías, el fiel lacayo Latour. En un viaje
a Marsella contrataron a varias prostitutas para celebrar una fiesta,
y el marqués se equivocó al aplicarles la dosis de cantaridina.
Las muchachas enfermaron y casi murieron, mientras que al marqués
le detuvieron y acusaron de sodomía y envenenamiento.
En 1802, ya finalizada la Revolución francesa, una hermandad gremial
de la ciudad de Marsella afiliada a la francmasonería decide establecer
una ruta alternativa para la cantárida que se captura en España.
Han sido informados por un belga naturista y miembro de la sociedad secreta
que controla desde tiempos muy antiguos el tráfico de esa droga
afrodisíaca y que proveen a las monarquías y nobles de Europa
occidental. Para realizar el trabajo, la hermandad contrata a un parisino
que se introduce en España por el puerto de Valencia y que es recibido
por un conocido cacique de la Serranía valenciana que le facilitará
un guía conocedor del terreno y los medios necesarios para que
resuelva con éxito su difícil misión.
En los Montes Universales contactan con el clan de loberos que controla
la producción de la cantaridina y cierran el primer trato de compra
que asegura un futuro y regular abastecimiento. Se inicia entonces un
accidentado e interesante viaje que, partiendo desde Albarracín,
les llevará hasta Marsella primero y finalmente, su anhelado destino,
París. Ese periplo, jalonado y sazonado de aventuras, esoterismo,
gastronomía y sexo, sirve fundamentalmente para unir a los tres
personajes protagonistas en una auténtica relación de amistad,
sobre todo al valenciano y al parisino. En esa fase del relato, el dinero
y la seguridad se convierten en los dos objetivos básicos de los
protagonistas, que les conduce directamente a conocer y negociar con la
cúpula de la sociedad, que ya no es sólo un reducto de antiguos
templarios, sino que, con el paso del tiempo, se ha convertido en una
influyente familia.

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