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JUEVES, 24 DE MARZO DE 2005 / Levante-EMV

Lorenzo Galiana: «Escribir me ha ayudado a
disfrutar más de la vida»
Presentación del libro «La
mosca española»
«La mosca española» es un libro
de viajes y búsquedas personales
M. Tomás, Valencia
De auditor de cuentas a fabulador. De directivo
en Editorial Prensa Valenciana a escritor de novelas de aventuras
con toque caballeresco. Es el itinerario de Lorenzo Galiana, un
estratega empresarial tan imprevisible como la narración
de su primera novela, La mosca española, que el martes presentaba
en el Club Diario Levante en compañía de su hermano
José Luis Galiana y su amigo Enrique Berenguer, testigos
ambos de un deseo largamente acariciado por el autor.
«Quiero escribir un libro. Y empezaré
por Pedralba», decía tiempo atrás el mayor de
la saga Galiana. Y como hay que tener cuidado con los deseos, porque
se cumplen, el martes veía la luz la primera novela de este
autor novel a sus casi 50. Una obra parida entre arduos esfuerzos
frente al portátil y la conjugación de un deseo irrefrenable
por decir su filosofía vital, «aquella que le permitiera
cruzar al otro lado de esta realidad -a veces tan oscura de cotidiana-
para ir más allá de la vida, para imaginarla; la razón
misma del arte de la novela», decía José L.
Galiana.
De afrodisíacos y disfrutes
El libro es imprevisible, como todo viaje. Y sorprendente,
como el autor. Los fines de semana, Lorenzo se convertía
en Santacruz, el bandolero pedralbino; en Natán, el alquimista
francés y en Henri, el soldado de fortuna francés,
responsable de una increíble misión en la que se embarcan
los tres amigos: llevar moscas a Francia.
La cantaridina, el afrodisíaco más
poderoso de la historia que se encuentra en los escarabajos que
habitan entre los fresnos de los Montes Universales, era el acicate
para iniciar este viaje desde otro monte, el de la Serranía.
«Esta es una historia de epidermis, de contacto;
un periplo sazonado de aventuras, esoterismo, gastronomía
y sexo», decía Lorenzo Galiana. «Esa actitud
que nos persigue a todos de querer ser eternos tenía tantas
posibilidades para fabular, que inicié un viaje de destino
desconocido y en el que el disfrute del transcurso era el objetivo»,
comentaba el autor.
De repente, escritor
Lorenzo Galiana hizo palabra su ansia de aventura,
su pasión por los placeres y su necesidad de amistad como
máximo valor universal a través de una ficción
que, según José Luis Galiana, «reconstruye paraísos
perdidos, ilusiona con empresas arriesgadas y compartidas y persigue
provocar placer y recuperar la felicidad entre sus lectores».
Pero también en el autor. Porque de su deseo
inicial -«quiero escribir un libro»-, un domingo sorprendió
a su familia con la frase «¡soy escritor!», el
día en que las letras fluían solas en su relato. «Uno
no es sólo lo que hace, sino lo que quiere hacer»,
recordaba Enrique Berenguer.«La escritura me sirvió
para escapar de la realidad en un momento difícil de mi vida»,
añadía Lorenzo Galiana.
Aquella búsqueda que guiaba a sus propios
personajes en pos del elixir de la vida le permitió alcanzar
su deseo. El círculo entre ficción y realidad se cerraba
en un mismo trazo, el de la novela. Y Lorenzo podía decir
el martes que «escribir me ha ayudado a disfrutar más
de la vida. Encontré algo que me gusta. Mi piedra filosofal,
la búsqueda espiritual de la perfección: poner mis
ideas y mi imaginación en negro sobre blanco».
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