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Capítulo 5 de LA MOSCA ESPAÑOLA

 

5. LA MOSCA ESPAÑOLA


Vela envió a dormir a todos los criados y nos sentamos en la mesa de la amplia cocina, donde Vicente y su mujer habían dispuesto unos platos de jamón, queso de cabra y embutido de orza y dos jarras de vino tinto garnacha.
Mientras comíamos, Henri fue desgranando el objeto de su misterioso viaje.
—Existe una droga con fines sexuales muy apreciada en toda Europa, especialmente en mi país, y que se conoce con el nombre vulgar de la mosca española. Las clases adineradas pagan verdaderas fortunas por los ungüentos y bebedizos preparados con esa droga que, como su nombre indica, sólo se puede conseguir en España, aunque no es una mosca, sino un escarabajo. Ese escarabajo se cría exclusivamente en los bosques, sobre todo de fresnos, de la Península Ibérica y científicamente es conocido como cantárida. De él se obtiene un alcaloide, la cantaridina, de extraordinarios poderes afrodisíacos.
—Y ¿tan fuerte es esa droga? —pregunté mostrando interés.
—Mal utilizada y en dosis altas puede causar hasta la muerte. Contaré un episodio ocurrido recientemente: Un marqués muy conocido por sus extravagancias de tipo sexual, el marqués de Sade, organizó en Marsella, no hace muchos años, una fiesta privada con afrodisíacos, fustas..., vamos..., una orgía con su criado y amante Latour y unas cuantas prostitutas. El marqués se equivocó en la dosis de cantaridina que, en forma de ungüento, aplicó en sus sexos. Las mujeres enfermaron gravemente y estuvieron al borde de la muerte. Sade fue detenido y acusado por intento de asesinato, siendo declarado culpable de sodomía y envenenamiento. La fama de este producto viene de muy atrás, los etruscos ya la utilizaban y sabios antiguos, como Aristóteles, ya describieron sus extraordinarios poderes.
Toda esa historia me había cautivado, pero no entendía qué relación tenía conmigo. Necesitaba, de momento, más información. Y Henri no tuvo problema en ampliarla.
—Desde hace mucho tiempo que el control y distribución de la cantaridina está en manos de varias sociedades secretas y alguna que otra orden religiosa. Su control les produce pingües rendimientos. En Marsella, se han unido varias personas de la alta sociedad y me han contratado para que contacte con los proveedores españoles e inicie una nueva ruta de distribución. No obstante, en esta primera misión el objetivo es de reconocimiento y contacto. Nuestra tapadera será la caza. Debemos hacernos pasar por un excéntrico cazador francés y su criado que quieren cobrar algunas piezas de caza mayor que sólo se dan en los montes de España. Nuestro primer destino será una pequeña aldea cerca de Vallanca, en el Rincón de Ademuz. Allí nos encontraremos con nuestro informador y guía, Natán, que, aunque vive desde hace mucho tiempo en esa aldea llamada Negrón, es oriundo de Bélgica y estuvo recientemente en Marsella informando a los mandamases de la operación. Él nos adentrará en el corazón de los Montes Universales, destino final, donde contactaremos con los productores y posibles proveedores de la mosca.
—Conozco bien la zona de la que hablas —anuncié—, pues me crié en ella. Aunque pedralbino de padre y madre, tuvieron que enviarme a Santa Cruz de Moya para que una ama de cría me amamantara y salvara mi pellejo. Del nombre del pueblo me viene el apodo por el que soy conocido. Luego, durante toda mi niñez, he pasado los veranos con mi familia de leche. Soy hijo único en mi verdadera familia pero tengo tres hermanos de leche, uno mayor que yo y los otros dos más jóvenes. He pateado bien todos aquellos pueblos.
—Te preguntarás también —inició Vela— qué pinto yo en este sainete. Pues bien, sabes que exporto a Francia, en barco desde el puerto de Valencia al de Marsella, casi toda la naranja que recolectamos en mis huertos del término de Llíria y gran parte del vino que produce mi bodega. Bueno, pues mis socios en ese comercio viven en esa ciudad y son importantes empresarios de la zona. Creo que no hace falta que te explique más.
—Bueno, mi nombre completo es Henri Sourdeau —decía esto el francés, al tiempo que extendió su mano en señal de presentación formal—. Y tú, ¿cómo te llamas realmente?
—Mi verdadero nombre es José Martínez Andrés.
—Bien, muy bien —precisó Vela rematando la velada—, mañana repasaremos la ruta que vais a seguir y prepararemos todos los aparejos y equipaje.